Ignorar

Ignorar. El desafío de ignorar. No comunicarse con esa persona, para demostrar, generar, despertar algo, lo que sea. O porque hay una sincera falta de interés, estoy casi segura que esta causa existe, pero básicamente no la he experimentado. Desde un (mi) punto de vista, cortar toda vía de contacto con el otro es esperar una reacción, provocar, por decirlo de alguna manera. Como tercer objetivo, está el de empujar a la persona en cuestión fuera de la vida de uno.

Para llevar esta tarea acabadamente, hay que contar con una especie de estrategia, algo que nos ayude a poder sobrellevar todo esto sin sufrir un ataque de nervios en el intento. A su vez, para el resultado sea preciso, hay que tener en cuenta que existen dos partes en todo este asunto de la indiferencia: por un lado no hablar, comprendiendo, no mandar mensajes, ni inbox – lo cual sería lo mismo –, borrar de Facebook – si la medida es extrema, bloquear –, si hay Twitter involucrado, lo mismo se aplica en forma de favs y dms; y, por otro lado, no responder, es decir, no hacer todo lo anterior sólo porque el ignorado lo hizo primero, eso no te excusa de tu propósito. No hay amnistía si lo que uno quiere es ignorar. E ignorar de verdad.

Nunca hay que perder la noción del objetivo que se buscaba al ignorar. Si este era el de provocar una reacción, desgraciadamente, todo esto trae aparejada la posibilidad de no desencadenar en el otro absolutamente nada, y que tu falta pase desapercibida, lo cual termina por generar tristeza y congoja, cuyo nivel depende del grado de importancia que se le había adjudicado a la hazaña de ignorar. Mientras que este mismo resultado sería provechoso si se buscaba sacar a alguien del campo visual.

En el caso de la falta sincera de interés, todo lo dicho anteriormente carece de sentido porque, felicitaciones, no tenés la necesidad de ser indiferente con nadie, aprendiste a que las personas y situaciones te resbalen sin tutorial. Muchos buscamos eso toda la vida sin éxito.